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La limpieza facial es un gesto imprescindible para la salud y la belleza de la piel, pero también una agresión si no se realiza correctamente.
En este sentido, alertamos sobre algunos productos de limpieza.

No podemos olvidar que la limpieza supone un estrés añadido para la piel y es fundamental dar con fórmulas tan delicadas como eficaces. Cuidado con las espumas, ya que los tensioactivos que la crean dejan la piel con un pH alcalino que no conviene, porque la piel tiene un pH ligeramente ácido. Este tipo de jabones arrastran parte del film protector de la piel, alterando la barrera cutánea. También pueden aumentar la perdida de agua por evaporación y disminuir la eficacia de los tratamientos posteriores. Tampoco conviene abusar de las aguas micelares, pues contienen tensioactivos que suponen una agresión para la piel.

En cuanto al aclarado, es mejor eliminar los limpiadores directamente con agua, mediante un ligero masaje, ya que la fricción que provocan los algodones u otras fibras puede aumentar el efecto agresivo de la limpieza, dejando la piel estresada e irritada.

Por otro lado, el agua también puede irritar, por lo que recomendamos que la temperatura sea tibia, para no afectar a los capilares. ¿La mejor opción? Leches, cremas y bálsamos desmaquillantes, ya que presentan un elevado contenido en aceites que facilitan la eliminación del maquillaje, la suciedad y la contaminación y sus texturas se deslizan fácilmente sobre la piel, disminuyendo el estrés mecánico que pueden provocar otro tipo de productos de limpieza.

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